Tan Bueno que no Pueden Ignorarte

Es un mal consejo el mensaje trillado: “Sigue tu pasión”.  Es un engaño según lo argumenta Cal Newport en su libro “So Good They Can’t Ignore You”. Iniciar una carrera profesional a la cual se le adjudica pasión desde el principio es una situación rara, poco común. De acuerdo con Newport, la pasión es más bien un efecto secundario de la maestría. Sí, es una consecuencia que se genera al ser bueno. Entonces la propuesta recae en: enfócate en ser bueno.

Uno de sus ejemplos más elocuentes para sustentar esta idea contraria a lo que popularmente se ha adoptado en el mundo de la autoayuda, ejemplifica el caso de Steve Jobs. Pues en un famoso discurso de graduación que Jobs hizo a los alumnos de Stanford, afirmó:

“You’ve got to find what you love…. The only way to do great work is to love what you do. If you haven’t found it yet, keep looking, and don’t settle.”

Sin embargo al iniciar su carrera Jobs no tenía como pasión: desarrollar tecnología. Cuando él era joven, más bien estaba interesado en un estilo de vida diferente, vivir en una comuna, viajar a la India, etc. Incluso cuando se presentó la oportunidad de vender el procesador que Wozniak había desarrollado (quien en ese momento sí era un apasionado de la tecnología) olvidó por unos meses ese trabajo, para irse a un retiro espiritual. Cuando regresó de su retiro, evidentemente había sido despedido. Al inicio de su carrera Jobs tenía más interés por una iluminación espiritual;  la tecnología le llamaba la atención sólo cuando prometía acceso rápido a dinero.

Newport enfatiza que la pasión es una consecuencia de ser bueno en lo que haces. Él aconseja que adoptemos una mentalidad a la que le llama “la mentalidad del artesano”, donde nos enfocamos en descubrir lo que uno le puede ofrecer al mundo en lugar de lo que el mundo nos puede ofrecer a nosotros. La clave está en forjar habilidades raras pero valiosas, que ofrecen un verdadero capital de carrera y convertirse en un maestro de ellas.

El resto del libro comparte algunos tips para perfeccionar el arte de la maestría: la práctica (más de 10,000 horas), la técnica (estirar tu potencial constantemente) y adquirir habilidades originales que complementen tu capital de carrera.

Aunque parecería controversial ir en contra del popular lema “sigue tu pasión” el autor logra plantear un argumento sólido de por qué ser el mejor resulta en amar lo que haces y plantea una propuesta interesante que vale la pena tomar en cuenta, sé el maestro. No es un camino sencillo, pero ¿quién dijo que cualquier opción era fácil?

Título del Libro: So Good They Can’t Ignore You: Why Skills Trump Passion in the Quest for Work You Love

Autor: Cal Newport

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Los innovadores: la colaboración detrás de las revoluciones tecnológicas

(originalmente publicado en periódico Mural el 21 de mayo de 2017, http://tinyurl.com/n3go7mx)

¿Quién inventó el Internet? …

Cuando le hicieron esta pregunta a Walter Isaacson, uno de los autores más famosos en estos años, supo que debía conocer la respuesta a algo tan evidente, sin embargo por más que le daba vueltas al ratón, resultó difìcil encontrar una persona porque no hay, al parecer, un sólo responsable detrás del invento del Internet.

El diagnóstico concluyó que para llegar a alcanzar ese nivel de avance se necesitaron los microprocesadores, las computadoras personales, las interfaces con el usuario, las redes de comunicación, los módems, exploradores de navegación y muchos otros desarrollos para generar la red de intercambio y acceso de información.

En los 60s el Profesor Kleinrock de la Universidad de California fue el primero que habló del concepto de una telaraña de comunicaciones y fundó para la Agencia de Defensa de los estados Unidos el proyecto llamado ARPANET (Red de la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada), que fue el precursor del Internet.

Aunque Kleinrock habló del tema por primera vez, en realidad se tenían que generar protocolos de comunicación entre computadoras, donde el ingeniero Robert Kahn participó, también los llamados conmutación de paquetes para las redes diseñados por Paul Baran y los exploradores de navegación, como el Mosaic hecho por Marc Andreessen, y así la lista continúa con muchos avances más.

Cuando se logra  una tecnología disruptiva como lo fue el Internet o las computadoras, al analizar la historia, la secuencia parece ser más similar a la construcción de una catedral que a la de un inventor aislado en su laboratorio.

En 1851 Ada Lovelace fue la primera programadora de la historia (¡además mujer!) y su genialidad en las matemáticas fue aplicada en las computadoras gracias a su amigo Charles Babbage que trabajaba en las máquinas computables.  

En 1927 Vannerbar Bush lanzó al mercado un modelo exitoso de una computadora análoga que calculaba ecuaciones diferenciales. Cien años después de Lovelace, Alan Turing logró diseñar una computadora de propósito general sustituyendo las análogas que existían en esos tiempos.  Así fue avanzando la tecnología hasta llegar a Robert Noyce y Jack Kilby que diseñaron los primeros  circuitos integrados, cuando trabajaban en la empresa Texas Instruments. Años después Gordon Moore y el mismo Noyce fundaron la empresa Intel, creadora de los microprocesadores que hicieron posible la computadora personal de la cual Steve Jobs se encargó de comercializar en masas.

En 1986, ARPANET empezó a tener comunicación con supercomputadoras fuera de la red de la Agencia y sólo fue hasta los 90s cuando la red se volvió comercial y disponible para los mortales.  

Hoy no pasa un día sin que nos conectemos a ella de una u otra manera. Al observar el pasado se puede entender que la revolución digital fue creada por una serie de mentes brillantes que colaboraron, invención sobre invención, bajo una visión conjunta. Los grandes cambios que se avecinan tienen diferentes protagonistas, pero el trasfondo será uno muy similar: no es un idealismo individual, la próxima revolución se construye sobre hombros de gigantes.