En busca del macarrón perfecto.

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[Publicado originalmente en revistadivague.com en Julio 23, 2016]

A. Liñán

Un postre tan desafiante en su preparación, delicado de servir y quisquilloso hasta en su almacenamiento tenía que ser francés. Y aunque el macarrón nació siendo italiano, Francia lo acogió cuando Luis XVI lo utilizaba para sus fiestas donde el pastelillo se estigmatizó burgués. Posteriormente gracias a la magia de los dioses canalizada al chef Desfontaines, éste se convirtió en la incitación a la liviandad que es ahora, sobre todo cuando se le ve en los aparadores parisinos de Ladurée. Su aspecto, gracias a sus vivos colores, está diseñado para seducir desde la realeza hasta a los ingenuos paladares de los transeúntes citadinos, donde un día quizá más por desgracia que por suerte, me encontraba yo.

No me acuerdo cuando fue la primera vez que probé los macarrones, porque el problema con ellos ahora que son tan comerciales, es que se necesita una alineación estelar específica para que justo el que se vaya a comer evoque la perfección con la que fue concebida. Pero sí recuerdo cuando por mera e irónica casualidad probé el macarrón perfecto. La experiencia fue tan fulminante que la he buscado repetir incansable desde entonces.

Aunque no pretendo hablar de consejos de cocina aquí, un chef francés (que por cierto preparaba malos macarrones) me contaba que hay muchos mitos en la preparación, implicando en varias recetas. Los resultados de esta variedad de opciones puedo constatarlas, pues en mi búsqueda encontré pastelitos chiclosos, húmedos, extra-secos, poco crujientes, faltos de textura, en fin, modos para arruinarlos, me he dado cuenta, hay muchos. Sin embargo más allá de que quizás no fueran tan desagradables al paladar, lo triste del asunto es la emergente desilusión de no encontrar el instante de felicidad prometido por aquélla ocasión.

Sin embargo, aunque escasas, sí hay raras oportunidades de la vida cuando tengo la gracia de toparme con la masa de almendras que ha respetado su proporción exacta, cuando la clara de huevo espumó con tal delicadeza que se fundió con el aire en su preparación, y especialmente cuando al macarrón se le ha dado su tiempo exacto de reposo, entonces sí, he podido saborear en un instante, el paraíso hecho postre. La corteza exterior del macarrón debe tener la combinación exacta de dureza y humedad, no ser tan fresca porque arruinará el perfume de sabor que lleva dentro y el endurecimiento debe ser sólo al punto de romper sin hacer ruido.  De entrada hay que distinguir un brillo minúsculo de la corteza al seleccionarlo, detalle del chef diciendo que hay un buen augurio de que crujirá en silencio y que se romperá con gran facilidad, casi al roce con los labios.  Al incrustarse los dientes de poco en poco en la profundidad del pastelito, la consistencia se va haciendo delicadamente más espesa, sin embargo al interior siempre debe mantenerse ligera, como un bocado de aire, porque al llegar al centro se libera una fastuosa sutileza de sabor, en mi caso preferido, el perfume de un macarrón de pétalos de rosa, la flor hecha dulce que se desenvuelve para volar al infinito.  El francés lo dice bien, parfum, porque es así de efímero, un bocado es el paraíso y al siguiente ha desaparecido para no sé cuándo regresar.

Sé que no vale la pena vivir una vida en pos del macarrón ideal, me he perdido muchas veces en ese viaje. Sin embargo desconozco de qué otra forma vivir.  He llegado a habituarme a la desilusión, odio las experiencias deficientes de los macarrones falsos, sobre todo con mis expectativas tan altas de querer encontrar el nirvana en cada uno de esos bocados. Y es que así de delicado es el asunto de comer macarrones, uno busca fundirse a ese micro relámpago de felicidad, pero en cuanto uno se aferra a ese instante, él desaparece y me quedo una vez más sólo con el sufrimiento.

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Revolución educativa

3006261-poster-sugata-mitraCrecí con la idea que la educación es tu recurso más importante, pues gracias a ella podrías acceder a un buen trabajo o a un buen estatus económico.  La fórmula parecía fácil: sacas 100 en todo y eres un éxito al salir. Sin embargo todos los que pasamos por aquí, sabemos que esa fórmula no es cierta, sacar puros 100 en la escuela no te asegura ser un tremendo éxito allá afuera.

Ahora por otro lado, cada vez es más común conocer historias de varios de los grandes empresarios, famosos por haber hecho  fortunas por sí sólos sin haber terminado la Universidad: Steve Jobs, Bill Gates, Mark Zuckerberg, Elizabeth Holmes, Richard Branson, Michael Dell, Ingvar Kamprad (IKEA), etc. Y aunque no es mi intención sugerir el dejar de estudiar si quiero cuestionar la oferta educativa actual que está al alcance de todos. Está arrojando egresados, pero porque el producto final de esa educación no encuentra trabajo tan fácil o tienen sueldos muy bajos, por qué ya no significa un valor agregado, ¿por qué se queda corta?

Sir Ken Robinson es una de las voces más escuchadas con respecto a la propuesta de iniciar una revolución educativa, él habla de replantear la propuesta del sistema educativo de hoy en día para que pueda responder efectivamente a lo que una sociedad de conocimiento, con acceso a tecnologías va a necesitar.  Robinson hace un llamado urgente a fomentar la creatividad, la individualidad y otorgar reales herramientas a los estudiantes para su futuro laboral.

(Por cierto si no has visto la plática de TED de Sir Ken Robinson, que es la más vista de todas las conferencias TED, vela ahora en este link: https://www.youtube.com/watch?v=iG9CE55wbtY)

Tomando esto en cuenta me gustó mirar para otros lados y encontrar cómo la tecnología realmente puede apoyar esta revolución educativa; gracias a ellos estamos descubriendo oportunidades maravillosas, que aplicadas correctamente, tienen el potencial de reducir la brecha de conocimiento entre países en vías de desarrollo de los que ya lo son.

Por ejemplo existen estudios serios que abren el debate sobre determinar cuál es el mejor rol del profesor en el salón de clases.  Inclusive ponen en tela de juicio el qué tan importante es la presencia de un profesor (en el sentido tradicional: un humano que domine el tema) para el buen aprendizaje de los estudiantes. Estudios dirigidos por el Dr Sugata Mitra han demostrado que el alumno en grupos de tres, de su mismo nivel y con acceso a Internet, pueden lograr un aprendizaje profundo en temas tan complejos como biotecnología, trigonometría e inclusive idiomas diferentes, sin la presencia de un profesor y sólo con Internet y sus amigos. En 2013 el Dr Sugata Mitra ganó el premio anual de TED para continuar con sus experimentos en el tema, para más información visita: www.hole-in-the-wall.com

Vuelvo a mencionar que mi intención no es que dejemos de estudiar, ni que le dejemos todo el trabajo de nuestro aprendizaje a las computadoras, sin embargo creo que tenemos que empezar aceptando que tenemos una necesidad urgente de cambiar el sistema educativo a uno que nos de egresados listos para adaptarse a las economías de conocimiento y para ello debemos utilizar las tecnologías a nuestro alcance, para poder tener resultados que antes ni podíamos soñar.

En el futuro  ¿Qué debe aportar el sistema educativo a mis hijos? Gracias a las tecnologías quiero que su educación les asegure una participación real en la economía del conocimiento y por otro lado que el enfoque educativo cambie de uno sistemático a uno personalizado, respondiendo a mejorar los talentos de cada individuo. El cambio tiene que aportar un enfoque a un modelo de creatividad e impulso de la curiosidad, un modelo que valore la importancia de manejar relaciones interpersonales y el control de las emociones; temas que el sistema actual ha dejado de lado. E idealmente que ésta educación de calidad esté disponible para más personas, que antes quedaban aisladas, haciendo de esta sociedad más igualitaria.  Gracias a las tecnologías será pronto una realidad contar con educación personalizada para todos ¿te subes al barco?